2400 perdones desmedidos

¿Se puede revivir una muerte día tras día? ¿Se puede sentir de nuevo el dolor? ¿Podemos sobrevivir a nuestras propias amenazas? … deducción.

Nunca lo olvides, ya te contesto yo.

No hay sueños. Ni emoción. Ha perdido la energía. Ha perdido cualquier contacto con el mundo exterior. Un metro por un metro. Un metro cuadrado de metacrilato translúcido. Un metro cuadrado de cristal ahumado. Cuatro paredes transparentes adosadas, una caja de cristal. Y ahí es donde desea estar.

Un radio de 3 cm. A 120 cm de altura, con punto de origen en M y N. Ese es el único contacto que desea tener con la realidad.

En un bosque verde con claros marrones. Algún árbol rojo y mucha lluvia. Le encanta la lluvia pues es la luz apagada que inunda un lugar. No hay animales, no hay nadie. Luz, silencio y tranquilidad. Bienestar.

Desconexión.

 

No es país para Reyes

Hoy es 6 de Enero.

Muchos niños ayer se fueron pronto a dormir con la esperanza de que hoy sus arbolitos de navidad estuviesen rebosantes de regalos, que en muchas ocasiones son innecesarios.

La infancia es una de las etapas más importantes de un niño, sin embargo, en estos tiempos de crisis los reyes también han tenido que apretarse el cinturón.

Mientras por un lado están esas familias que aún diciendo que sufren recortes, nos disponen de ayudas, etc. despiertan con montones de regalos que en la mayoría de las ocasiones no necesitan, por otro hay un gran porcentaje de familias que estas navidades no han podido regalar nada a sus hijos.

Este el caso de una niña a la que llamaremos Paula.

Tiene 4 años. Siempre ha vivido en una bonita casa con vistas a una guardería a la que ha deseado ir desde siempre para poder jugar con otros niños como ella.

Sus padres han luchado por poder darle todo y más. Sin embargo a su padre lo han despedido, su madre tiene un pequeño negocio que no va a sobrevivir…

Les van a embargar su casa, les han cortado la luz. No pueden comprar pan. No les dan ayudas. Viven en un pequeño local y sobreviven gracias a la ayuda de familiares y amigos. Una vez a la semana pueden ir a casa de una vecina a ducharse y es su familia (en la cual todos están en paro), la que les lleva un plato caliente cada día.

Paula tiene 4 años y estas navidades los Reyes Magos no han podido ir a su casa porque “como no tenemos luz los reyes no saben dónde estamos”.

Quizás deberíamos tener un poco de empatía con el mundo y pensar más en los demás.

Feliz navidad

2900 dulces cisnes

Caminó durante  6 horas por largos pasillos de azúcar. Altas torres lo custodiaban y en cada una de ellas una persona. Una persona callada y con los ojos cerrados. De vez en cuando bostezaban o movían los pies. Decidió que tenía que coger aquel tren. Era su viaje, su destino y debía encontrar el silencio que tanto buscaba. Silencio acompañado de alguien aún más silencioso. Pues cruzaba la vida de puntillas en busca de un perdón que no encontraba. No se perdonaba. Y tal vez no lo haga hasta que no llegue a su destino.

Apenas ha abandonado la estación. Le quedan 2900 dulces cisnes hasta llegar a su destino. Quizás esté demasiado lejos como para llegar en poco tiempo. Las cosas han cambiado, se han estropeado. Y ahora ya no hay vino.

El tren se acelera, pero unas cuerdas lo retienen. Son las montañas que no quieren que pase. Es un tren desafortunado que tan solo pretende cruzar un puente de hojalata.

Se detiene en una estación. Algunas personas bajan, otras se quedan. Aquellas que están sentadas a su lado permanecen. Comen bocadillos de queso, salvo uno, que ha decidido tomar un sandwich empanado. Abajo un gato con 50 orejas mira triste el tren.

Hoy las haches están en huelga. Desea llegar a su destino y librarse de su carga. Pero no puede, porque apenas ha abandonado la estación.

Mañana tal vez brille el sol.

Nessum dorma

Queridos Reyes Magos

Queridos Reyes Magos,

Me llamo Soraya y quizás ya no me recordéis pero cuando era pequeña ponía tres pequeños cuencos en el balcón para que vuestros camellos bebiesen agua, también dejaba unos mazapanes y un poco de sidra o cava en unas copas. Desde hace unos años ya no lo hago y pienso que tal vez, por eso, ya no os acordáis de mi. Pero yo no os olvido. No.

No quiero robaros ese tiempo tan valioso que poseéis. Ni quiero pediros grandes regalos. Tan solo quiero que os acordéis de mi cuando no me encuentro bien y me ayudéis a seguir adelante, porque bueno, ya sabéis, a veces las cosas se ponen difíciles y es complicado verlo todo claro. Y daros las gracias por mandarme a esas personas que hacen que todo sea un poco más leve y me recarguen de energía.

Me gustaría pedir un destello blanco por los que no están y un brillo de luz por los que tal vez ya no estén. Cuidadlos, por favor y no permitáis que sufran ni un minuto más, pues no se lo merecen. Gracias :)

Pido sol para las nubes negras y agua para las tierras blandas. Que el mar no se apague y los pájaros me miren desde la ventana.

Pido frío por las mañanas, pido seguir jugando a oscuras. Que el aire no silbe y la lluvia no estropee aquello que tanto cuesta hacer.

Os pido que los árboles verdes sigan cuidando del cielo amarillo. Que la montaña no se tiña de negro, que la noche la abrigue y la cuide como lo ha hecho hasta el momento. Que la mime y la quiera, pues se lo merece.

Pido que se limpien las imágenes, que no se persiga, se niegue o hayan delincuentes. Pido transparencia.

Pido palabras, pues cada vez me quedan menos. Que me entiendan sin sonidos. Que no tenga que usar subtítulos.

Pido libertad, calma y movimiento. Velocidad, rapidez.

Y por encima de todo, que deje de pillarme los dedos con cualquier tipo de puerta, electrodoméstico o utensilio.

Muchas gracias

Olvido

He dejado de respirar porque ya no hay aire en este planeta.

Hace exactamente 3 minutos que he dejado de respirar. No hay nadie. No hay aire. Siento el irremediable deseo de abrir la boca para coger aire, pero no puedo. No debo y puede que tampoco merezca seguir viviendo.

El cielo esta especialmente morado hoy. Las nubes brillan más que nunca. ¿No es acaso la vida bella? Mi corazón empieza a sufrir convulsiones. Llevo 3 minutos y 5 segundos sin respirar. Me tapo con fuerza la boca y la nariz. Puedo sentir como ésta intenta apartar mis manos para tomar aire. Ya no hay aire en este planeta.

El césped se volvió negro aquel día. El cielo dorado. Un par de árboles iluminaban el horizonte con un resplandor verde amarronado. Eran finos, equilibrados. Eran dos árboles pintados.

Ya no queda vida, ni luz. El aire arrastró consigo lo que otros tardaron años en construir. Mi corazón intenta con todas sus fuerzas seguir latiendo. Llevo 3 minutos y 15 segundos sin respirar. Se me nubla la vista. Siento un hormigueo por las piernas, tengo la cara roja, los ojos en sangre. Ya no queda aire en este planeta.

Aún los recuerdo. A todos. No los olvido, no os olvido.

Me despido, pues ha llegado el momento de desplomarme sin vida.

Llevo 3 minutos y 23 segundos sin respirar.

Carmina

No puede decir su nombre, pues esta protegido por aquello que les une. Silencio.

No puede hablar, pues ha perdido la vida.

Hay un revólver en el suelo. Una mujer sobre la nieve. Una cabeza sangrando. Una joven que intenta huir. Un cuerpo que se lo impide. Un hombre que se acerca sigilosamente. Silencio.

Hay una mujer embarazada de gemelos. Un hospital de puertas infinitas. Un suceso traumático.

¿Lo reconoces? Es alguien de tu familia. Alguien a quien conoces. No te asustes.

Aún.

Amarillo cazadora de vinilo

Habían ahorcado a una serpiente y ahora una mujer gritaba emocionada en medio de una plaza abarrotada de gente, que muy en el fondo, sabía que todo aquello era una patraña, una estupidez. Y es que estaba harta de tanta ñoñería.

Se subió el cuello de la cazadora e intentó pasar desapercibido entre toda la multitud. Le daban golpes en los brazos, le pisaban los zapatos… estúpidos! ¿Creéis que no seréis los siguientes?

Llegó a la entrada de un bosque. En aquel momento la serpiente engullía a uno de los presentes y este se movía agitadamente mientras trataba de soltarse. Inútil. El resto reía efusivamente. Estúpidos.

Ignoró por completo aquella escena. Estaba en un bosque. Un bosque con tonos verdemar, azules, blancos… allí no había sol. El sol se lo había tragado una bestia consentida. Atiborrada de montañeros y protegida por una majestuosa cueva adornada con guirnaldas hechas con las tripas de éstos. Lejos quedaron los tonos naranjas, los rojos, el cobre… Colores maravillosos que iba ofreciendo el sol, cuando aún no tenía dueño…

Con las manos en los bolsillos y la mirada perdida, sabía muy bien adónde iba. Pero no quería llegar. Nunca quiso ir. Y siempre se intentará marchar. Las cárceles de aire son las peores. Tomó un atajo. Tiritaba, estornudaba. El frío empezaba a entumecerle los pies, las manos. Tenía lo labios morados. No quería llegar.

Al fondo, en un lago artificial, vio una bestia. Era yo. Sí. Lo observaba. Me observaba. Septiembre se había marchado hace mucho. Y Diciembre llegaba con energías renovadas. Soy yo. Una bestia retorcida, que se ha tragado un sol. No, no quiero hacerte daño. Tengo motivos para ocultarlo. ¿Qué? ¿Que quieres saberlos? Lo siento…

Lleva los cascos puestos. Y no puede escucharme… Tampoco quiere. Se gira. Mira a su alrededor. Saca un plano de su bolsillo. Al parecer no era yo. Aún tiene la mirada perdida. ¿Puedes verme? Estoy aquí. Al otro lado de un lago artificial, en una cueva de puntilla. Mirando un plano que hace mucho que dejó de guiar. Mirando una brújula de papel. Estoy aquí, al otro lado de un lago artificial. ¿Puedes verme? Grito. ¡Has de escucharme! ¡Estoy aquí! ¡Al otro lado de un lago artificial, en una cueva de puntilla!

Se gira, se marcha y se va.

No vuelvas más.