Vivo en un pueblo muy pequeño. En una plaza muy bonita. En ella hay una guarderia, una panadería, un gimnasio, una joyería, pero todos de espaldas. En ella hay un parque donde todas las tardes vienen los niños a jugar. En ella, yo, bajo a pasear a mi perro Boli muchas mañanas.
Vivo en una finca roja. Vivo en el último piso. Vivo en mi habitación. En ella hay una ventana por la que veo las 4 estaciones del año y todos los tiempos existentes. También veo a mis vecinos. Ése que se dedica a cantar. La família que recoge los platos. Los que quedan para ver el fútbol. Los que celebran cumpleaños. Y también lo escucho a él.
Supongo que es él por darle más parecido con el mio.
Llegué a casa y me dijeron que había uno nuevo. Todo era alegría. “Mira ya son más en la finca” Decían mis padres. Sin embargo pronto cambió la estampa.
Des de mi ventana, en mi cuarto, todos los días lo escuchaba. A todas horas lloraba y daba golpes en los cristales. Solo quiere entrar.
Llueve y hace frío, pero él sigue ahí.
Como todos los días, tengo que convivir con ello y me parte el alma en dos.
Todos los días desearía poder bajarlo con Boli y que jueguen los dos.
5 Mar
Publicado por josé ángel en 7 Marzo 2009 at 12:18
la historia estremece y enternece…
entre líneas dejas muchas reflexiones muy intelegintes, con más trascendencia que la historia en sí…
Publicado por Soraya en 7 Marzo 2009 at 13:00
me alegro que te guste
pero yo lo catalogaría más como un hecho
Publicado por josé ángel en 8 Marzo 2009 at 17:47
a veces son más importantes los hechos implícitos que se sugieren, que los hechos explícitos que se narran…
“Vivo en una finca roja. Vivo en el último piso. Vivo en mi habitación. En ella hay una ventana por la que veo las 4 estaciones del año y todos los tiempos existentes.”
Tienes que insistir en esa forma de mostrar la realidad, creo. Escribes bien, cuida esa mirada.