Cuestión de familia

Todos tenemos familia, ya sea más grande o más pequeña, siempre hay alguien con quién guardas algún parentesco.

En mi caso soy de las más pequeñas y eso ha condicionado que no conozca a casi nadie y menos aún a esa estupenda tía que vive en Argentina, Bilbao y Madrid. El caso es que yo llamo tía a todo aquel que no conozco el parentesco que tengo con él. Y debe ser que ando escasa de vocabulario que tengo más tías que lo que la genética me permite.

El caso es que todas ellas son fascinantes sin embargo yo tenía a una “tía” mía como la mejor de todas.

Mi tía es profesora y como tal yo pensaba que tendría otro tipo de mentalidad y con asombro descubro que no.

Mi tía, que fue profesora de posguerra, que pasó hambre, y vivió en una familia bien numerosa me pregunta cada vez que me ve si ya tengo novio (y si es rico)  y si voy a estudiar algo que me asegure un buen puesto de trabajo y un buen sueldo.

Mi tía, la profesora, culta e inteligente, ha resultado ser una profesora un tanto peculiar y con una mentalidad antigua para la actualidad. Sus historias sobre el hambre, las monjas y su ya difunto marido son tremendamente graciosas a la par que trágicas. Sin embargo a veces nace esa vena conservadora con la que tantos años ha convivido.

¡Ay mi tía! ¡Con lo que yo la quiero!

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